A nadie pillará por sorpresa el hecho de que Córdoba sea el fruto de una mezcla de culturas que durante cientos de años ha macerado hasta dar lugar a la ciudad llena de vida e historia que es hoy. Romanos, judíos, cristianos… y árabes. La huella del pueblo musulmán es notable en toda la península, más aún mientras más se acerque uno al sur; pero, indiscutiblemente, la ciudad de España con la mayor huella y el mayor peso de la cultura árabe en la suya propia es, sin duda, Córdoba (con honorable mención a Granada).
Córdoba y el califato Omeya
Córdoba fue la capital del califato Omeya, imperio expansionista que conquistó la península ibérica en el Siglo VIII y con el cual llegaría el pueblo árabe a su mayor esplendor en este territorio. El califato Omeya, pese a estar debilitado en su llegada a Córdoba respecto a su pasado, había sido un imperio de masivo tamaño que comprendía parte de Asia y África, y perdió parte de esos territorios en su intento por ampliarse en dirección norte, hacia Europa. No obstante, El califato Omeya tuvo dos siglos de reinado en su capital de Córdoba en los cuales se encargó de dejar su impronta en la ciudad: la Mezquita, el Alcázar y otros tantos lugares de interés y monumentos son obra de este califato de Córdoba, el cual controló Al-Ándalus durante su reinado.
Córdoba capital de Al-Ándalus
Abderramán III fue quien separó Córdoba del califato Omeya, nombrándose a sí mismo califa de Córdoba: había nacido el califato de Córdoba, y Córdoba sería la capital de Al-Ándalus hasta la reconquista de la península. Cuando nació el Califato Cordobés, pese al poder que el califa Abderramán ya poseía y a las construcciones y demás infraestructuras que estaban convirtiendo, poco a poco, la península en territorio puramente musulman, Abderramán necesitaba algo más, pues un califa recién nombrado debía, para mantener su dignidad frente a otros califas, fundar su propia ciudad para demostrar su poder a estos. Así fue que, con el nombre de una amante del monarca, Medina Azahara (ciudad de Azahara en árabe) fue fundada en el Siglo X, y la corte trasladada a la misma.
Pese a su nombre, Medina Azahara se podía ver más como una corte alejada de la ciudad que como una ciudad en sí, pero su envergadura, así como las viviendas dispuestas para los trabajadores que allí residían daban a la misma un tamaño nada desdeñable para una residencia monarcal. Medina Azahara se reparte en tres alturas diferentes o “terrazas”, habiendo en cada una de estas terrazas los diferentes estratos: la primera es donde habitaba el califa, la segunda terraza servía de sector oficial, donde los edificios de índole militar y pública se ubicaban, y finalmente, en la tercera terraza, el pueblo tenía sus viviendas y negocios. La forma de la ciudad es rectangular, contenida y arquitectónicamente limpia y ordenada, alejándose así de la forma de urbanizar caótica y laberíntica típica de las ciudades árabes, para demostrar quizá una ruptura con sus raíces o acaso una adaptación de sus costumbres a las culturas encontradas en las tierras ocupadas por su califato, donde las ciudades son construídas de forma planificada y premeditada.
Esta ciudadela a los pies de Sierra Morena es uno de los testigos del poder del Califato de Córdoba, reino que gobernó casi la totalidad de la península durante siglos y con el cual Córdoba se convirtió en una de las ciudades más avanzadas del mundo. Puede que la Mezquita y el Alcázar sean los monumentos por antonomasia cuando se habla de legado árabe en Córdoba, pero a tan solo ocho kilómetros (tranquilos, hay buses) podemos hallar este increíble yacimiento, nombrado patrimonio de la humanidad en el 2018.
Si vas a Córdoba por su historia y cultura, te interesará alejarte de la ciudad durante una tarde para ver en persona una de las edificaciones más importantes de la época califal de la ciudad. Empápate de historia paseando por las centenarias calles de Medina Azahara, olvidadas por el tiempo pero recordadas a la fuerza por los constantes intentos de esta maravillosa ciudad andaluza, apasionada con su pasado y deseosa de contagiar esa pasión.
No te lo pienses más y visita las ruinas del que fue el hogar de Abderramán III, el primer califa de Córdoba.