El puente romano, privilegiado del río Guadalquivir a su paso por Córdoba

Sobre el río Guadalquivir, uniendo el Barrio de la Catedral con el Campo de La Verdad, encontramos la pasarela por antonomasia del skyline de Córdoba: el Puente Romano.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO junto con el centro histórico de la ciudad, el Puente Romano es, probablemente, la edificación más antigua de entre las que el callejero cordobés destaca para visitar. Casi dos mil años de historia han pasado sobre el suelo de este puente construido alrededor del 45 d.C., cuando el imperio romano se anexionó Córdoba como colonia patricia.

Es posible pasar por alto el Puente Romano si uno habla del centro histórico, no en vano se puede considerar que está técnicamente fuera de este; no obstante, se podría considerar como uno de los adornos más importantes del precioso cuadro que es Córdoba. No por casualidad: el Puente Romano se construyó como consecuencia de la creciente expansión de la ciudad, que llegó al río y necesitó de un paso para seguir edificando en la orilla contraria, siendo así prácticamente uno de los pilares de la construcción de la urbe: así, el centro de la ciudad que hoy en día es Córdoba se encuentra definido prácticamente por la practicalidad y utilidad de este, y podemos verlo en cómo, al llegar desde la orilla del barrio Campo de La Verdad, la ciudad califal parece saludarnos vestida de sus mejores galas: desde lejos, veremos toda la majestuosidad de la Mezquita y demás edificios históricos del centro y, conforme nos acercamos, el elegante arco del triunfo (antes un portón que permitía acceder a la ciudad, en aquél entonces amurallada) nos da la bienvenida al pequeño mundo que supone la Judería en sí: un vestigio de otra época, conservado en el tiempo a pesar de las remodelaciones llevadas a cabo por las diferentes sociedades que, con marcado respeto, han mantenido la forma de este barrio anclado en otro tiempo.

Torre de la Calahorra

El Puente Romano, con su Torre de la Calahorra, deja unas vistas increíbles, no solo por su misma presencia si se le ve desde la lejanía, como parte de la preciosa fotografía que deja como entrada a la antigua Córdoba de los romanos, árabes y cristianos, si no también por lo que desde la misma pasarela puede uno ver. El Guadalquivir, caudaloso a su paso por la urbe, deja estampas de atardeceres y amaneceres para enmarcar, con un sol que arranca destellos de las aguas llenas de vida del célebre río y una frondosa vegetación en cada ribera que enmarca en verde una postal ya de por sí digna de ser admirada por horas. En el mismo puente uno encontrará con asiduidad agradecidas intervenciones, ya sea de artistas de la pintura o músicos locales que amenizarán el agradable paseo sobre el río.

Unas vistas increíbles

Pero si la típica vista del puente desde el Campo de La Verdad se antoja ya bastante manido, figurando en todas y cada una de las tiendas de souvenirs como la forma en que se supone que ha de ser apreciado, también es posible admirar la belleza del Puente Romano desde la Mezquita, con algún terreno elevado (como el de la plazoleta que alberga un Triunfo de San Rafael, aunque tiene un portón que se cierra y abre con sus propios horarios) que permite ver el puente con una nostalgia diferente, no como una entrada a la preciosa ciudad, si no como el camino a coger cuando uno tuviera que marchar de los encantos de su Córdoba natal. Es así como lograremos apreciar los matices de la milenaria construcción, y la forma de dar algo más de protagonismo a la a menudo pasada por alto Torre de la Calahorra.

La historia de Córdoba es larga y turbulenta, pero si algo ha aguantado el paso del tiempo con menor cambio y desde prácticamente su fundación, ese es el Puente Romano: testigo del paso del tiempo y cómplice del mismo.

Facebook
Twitter
LinkedIn
Telegram
WhatsApp
Pinterest
Email