Muchas personas visitan Córdoba con días e incluso semanas de estancia, con el objetivo de empaparse de la ciudad y de todos y cada uno de sus rincones, que no son pocos, e incluso, con suerte, revisitarlos. La verdad es que la ciudad califal se presta a esto: la forma ideal de verla, si es que uno no se puede permitir volver en más ocasiones a llenar los huecos dejados por sus anteriores visitas, es con mucho tiempo en el bolsillo. Al fin y al cabo, si Roma no se construyó en un día, Córdoba tampoco, y sus dos mil años de historia son tan densos como uno pudiera imaginar, dotando a la ciudad de un encanto inacabable y de miles de cosas que ver, hacer y aprender. Aún con todo, y sabiendo que el tiempo es una herramienta esencial para visitar Córdoba, es posible que no dispongas del mismo, ya sea por no poder costearte un alojamiento de varios días, ya sea por no disponer del tiempo físico para hacerlo o simplemente porque, sin más, quieres visitar la mística urbe de forma exprés (¡aunque, con todo el respeto, no entenderíamos por qué!) y, ante esa necesidad de ver lo más interesante de Córdoba en poco tiempo, aquí tienes una mini guía de qué ver en una mañana en la ciudad califal.
Llegada y primeros pasos
Llegamos a Córdoba por la mañana, sobre las nueve, en tren o autobús, lo cual nos sitúa en una de estas estaciones (la una al lado de la otra). Bajamos hacia Ronda de los Tejares atravesando el Parque de los Patos, arropados por este alargado parque lleno de árboles que nos protegerán del sol mientras nos acostumbramos en nuestro recorrido. Llegamos, recorriendo la avenida, al Bulevar: Este bulevar está lleno de tiendas y establecimientos dignos de visitar, y si queremos ver uno de estos locales o tomar un café, tenemos tiempo: ¡pero no mucho!.
Al llegar al final del Bulevar, tenemos de frente la Iglesia de San Nicolás, iglesia fernandina más céntrica de la ciudad y que junto con las demás fueron un útil mecanismo de la reconquista cristiana. Aquí, giraremos a la izquierda, por la Calle del Conde de Gondomar, conocida por los cordobeses generalmente como “calle de las tiendas”, fácil de adivinar el por qué. Sin pararnos mucho, andamos hasta el final de esta atestada y viva calle para llegar a Tendillas, plaza insignia de la ciudad cordobesa (junto a La Corredera) en la que podremos parar un poco a contemplar la belleza de su estatua, los edificios que aquí se encuentran (como el edificio creado por Haníbal González, arquitecto de la Plaza España en Sevilla) y, con suerte, escucharemos las míticas campanadas de esta plaza.
Sin perder como referencia el final de la calle Gondomar por donde hemos llegado, giramos hacia la izquierda, adentrándonos poco a poco en un barrio de aspecto algo más caótico, más antiguo. Conforme andemos y veamos las calles volverse cada vez más irregulares, caóticas y angostas, sabremos que nos estamos adentrando en la Judería. Las tiendas de souvenires también ayudan a que nos percatemos de nuestro paradero, y a más encontremos mientras recorremos estas laberínticas calles más nos estaremos acercando a la joya de la corona del turismo cordobés: la Mezquita.
El meollo: la Mezquita
En la mezquita, en la cual tendremos que entrar siguiendo todas las normativas de una iglesia al uso (al fin y al cabo es una catedral, perteneciente a la Iglesia) como no cubrir nuestra cabeza ni enseñar los hombros (en verano es especialmente criminal), encontraremos un portento de la arquitectura que reúne lo mejor de la arquitectura árabe y la cristiana, además de innovaciones como sus archifamosos arcos, dejando uno de los únicos ejemplos del mundo de mezquita-catedral. Además de los hechizantes bosques de columnas, en el que nos adentraremos en una colección de pilares adornados por los bellos arcos de medio punto rojos y pardos, tendremos un par de capillas, expositores de textos antiguos y demás hallazgos referentes al lugar y una colección de relicarios y tumbas de los más distinguidos ciudadanos cordobeses del pasado: sin ir más lejos, aquí descansa Luis de Góngora.
Ya es mediodía, y si te acercas a una de las tabernas de Córdoba podrás degustar un salmorejo o flamenquín (depende del calor) con una cerveza o una buena copa de vino con denominación de origen, pero si tienes prisa no te preocupes: Córdoba no se va a mover y está ansiosa por que vuelvas.