Visita Guiada Al Alcázar de córdoba

La Mezquita-Catedral de Córdoba es, indiscutiblemente, la obra arquitectónica por antonomasia a la hora de visitar la ciudad, no en vano se trata de uno de los puntos clave turísticos no solo de Andalucía, si no prácticamente de España en su totalidad. Por ello, y por ser la imagen por mérito propio de todo lo relacionado con la ciudad califal, es normal que arrolle en popularidad a otros puntos de, quizá, no tanta fama, pero si de gran interés histórico e ineludibles a la hora de conocer lo más destacado de la urbe andaluza.

Dentro de esta alargada sombra turística se encuentra el Alcázar de los Reyes Cristianos, segundo monumento en número de visitas detrás de la Mezquita, y muy posiblemente el segundo en conocimiento por parte de las masas. Siguiendo el ejemplo del conocido lugar de culto, el Alcázar de los Reyes Cristianos es en origen una edificación surgida durante el califato que, siglos más tarde, se ve reapropiada por parte de los monarcas católicos tras reconquistar la península.

Origen del Alcázar del los Reyes Cristianos de Córdoba

Desde su origen como residencia real, el Alcázar ha pasado por todo tipo de usos diferentes: cárcel, cuartel militar, sede de la Santa Inquisición… no fue hasta que, por iniciativa del célebre alcalde cordobés Antonio Cruz-Conde, se remodeló y embelleció la fortaleza, que los ciudadanos pudieron entrar libremente y con ánimo cultural y ocioso. Esta fue, entre muchas otras, una de las batallas ganadas al olvido cultural por parte del alcalde y posteriormente su hermano, que ocupó el mismo puesto, los cuales tomaron como objetivo durante sus mandatos rescatar de entre los escombros del pasado un sin fin de monumentos, rincones y edificios cuya mayor cualidad era la de existir, convirtiendo estos elementos en llamativos reclamos para los visitantes y, de paso, devolviendo a Córdoba su milenaria identidad, perdida tras conquistas, reconquistas, guerras y más turbulencias históricas.

Realiza una visita guiada al Alcázar de los Reyes Cristianos

El Alcázar de los Reyes Cristianos se halla colindante a la Puerta de Almodóvar, famoso acceso al casco antiguo, donde una serie de largas fuentes nos dan, quizá, una aproximación a la belleza que dentro de la edificación podremos contemplar. Los jardines del Alcázar no dejarán indiferente a nadie que ponga un pie en ellos, su esplendorosa vegetación no es más que un precioso marco que termina de dar su añeja hermosura a estos espacios abiertos en los que las fuentes, torres, estatuas y demás vestigios de otra época se funden con el verde para ofrecernos unas vistas dignas de ser retratadas en un cuadro, y que nada tienen que envidiar al patio de los naranjos de la Mezquita (o sí, pero todos estamos de acuerdo en que la envidia es muy mala).

El Alcázar ofrece en su recorrido la entrada a una serie de salas que podremos visitar, solos o con la ayuda de un guía, en las que tratar de imaginar la vida en tiempos medievales, la riqueza de los que en tal lugar vivían, o los momentos de tensión y peligro vividos en sus tiempos de cuartel militar. El Salón de los mosaicos, donde veremos un ejemplo sin parangón de la bella obsesión de los arquitectos árabes por estos adornos, los baños de Doña Leonor, el Patio Morisco… cada sector del Alcázar tiene su propia historia, su uso cambiante durante el tiempo y, sin duda alguna, un interés cultural y estético de gran valor.

No podemos más que intentar imaginar cómo fueron las lujosas vidas de los monarcas que aquí vivieron, las decisiones a las que se vieron enfrentados los militares que ocuparon la fortaleza o la desdicha sufrida por los presos del bando republicano durante la Guerra Civil española, pero no cabe duda de que, paseando por el Alcázar de los Reyes Cristianos nos acercaremos como nunca a esos pedazos de historia que han dado, con los siglos, un interés cultural de gran envergadura al Alcázar, y su recién devuelta belleza termina de convertir al lugar en un punto turístico que cualquier visitante de la ciudad califal debe de ver con sus propios ojos.

Por supuesto que no es la Mezquita, pero quizá no se está tan mal en su sombra… al fin y al cabo, no hay ningún sitio mejor donde estar en Córdoba que en la sombra.

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