Enmarcados dentro de la continua celebración que es mayo en tierras cordobesas, y especialmente en su capital, encontramos uno de los eventos anuales cordobeses por antonomasia, y es que en estas fechas se dan cita para llenar toda Córdoba de color y alegría primaveral una de las, quizá, costumbres más antiguas de las que se tiene constancia y que a día de hoy se siguen realizando en la ciudad califal: los Patios.
Colores por doquier para celebrar la primavera
Cuando empieza la (breve) temporada de patios, por toda la ciudad (y especialmente en el barrio de San Basilio y en el casco antiguo) veremos patios vecinales abiertos de par en par que invitan a pasar a propios y extraños para,, de forma gratuita o pagando como mucho uno o dos euros, contemplar las paredes del patio cordobés que han instalado y cuidado durante el año los vecinos, pues mantener coloridas y esplendorosas las flores de toda la pared es una titánica tarea que, sin embargo, merece la pena una vez que ves bocas abiertas y ojos impresionados frente al muro de flores delante a ellos.
Y es que, cuando hablamos de una gran cantidad de flores, nos referimos a una gran cantidad de flores en cada uno de estos patios, exagerar aquí está de más. Las macetas, típicamente azules (aunque existen todo tipo de diseños en cerámica), cubren junto a su multicolor pelambrera las inmaculadas paredes blancas de estos patios de vecinos vestidos de primavera para la ocasión. Tanto es así que se hace necesaria una herramienta específica para este tipo de instalaciones florales, una vara con un cacito al final con la que regar las plantas más altas de la pared. Gracias a esta invención tan concreta, las macetas de la parte más elevada lucen tan brillantes y llenas de vida como las de más abajo, y gitanillas, claveles y geranios pueden convivir sin quitarse entre ellas protagonismo, formando una suerte de patrón en la pared donde cada maceta supone un eslabón que apoya la belleza de su alrededor.
Elige tu forma de ver los patios
Uno puede perderse y descubrir a su paso los más magníficos patios de esta primaveral costumbre cordobesa, pues no tiene más que andar sin rumbo y, si acaso, acercarse a donde oiga alboroto de gente para dar de bruces y sin querer con estos muestrarios de resplandecientes flores que van cosidas al ADN de la región. No obstante, puede que uno quiera ir un poco más “a tiro hecho”, y si así es no sudará para encontrar una de las muchas guías que el ciudadano tiene disponible, tanto en papel como en digital, con apps que marcan los mejores patios y los recorridos más disfrutables.
Los patios son a su vez un concurso, al igual que las célebres cruces de mayo, y muchos de estos se presentan para conseguir algunas calificaciones de las que presumir en años siguientes, como premios a mejores rejas, flores, y el codiciado premio a mejor patio. Sólo unos cincuenta patios se presentan a este certamen de los cientos que hay repartidos por la provincia, pero los cincuenta que se presentan dejan claro su nivel respecto al resto, pues mientras un patio cordobés solo necesita ser un patio, ser cordobés y tener flores, la comparación entre patios realizados por vecinos que actúan altruístamente y con ánimo de aportar su parte a la belleza de Córdoba en general y de su patio en concreto y patios cuyo objetivo es prácticamente profesional es fácil; estos últimos tienen mucho más de todo, son más grandes, tienen más flores, tienen resultantes adornos de diferentes índoles colocados exclusivamente para la ocasión… pero, lo que estos patios competidores hacen con ánimo ganador, los patios vecinales de toda la vida lo hacen con pasión y cariño, haciendo que merezca la pena tanto ver unos por su grandeza, como otros por el tesón que se ve en cada una de sus esquinas.
Queda claro en qué mes es mejor visitar Córdoba, pero si no puede usted decantarse por qué altura del mes dejar para tan importante visita, tenga por seguro que los patios son una de las insignias de la ciudad, y se verá abrumado por tanta belleza natural entre decorados de paredes de cal y suelos de canto rodado. ¡No se lo piense!