La magia medieval de el Castillo de Almodóvar

A quince minutos en coche de Córdoba capital, en dirección a Sevilla, encontramos el pueblo de Almodóvar. No es un pueblo que llame especialmente la atención cuando uno anda por sus calles salvo por la empinada naturaleza de todas y cada una de ellas, pues este enclave de la llanura cordobesa se encuentra en terreno elevado: el pueblo de Almodóvar se asienta sobre un desigual terreno que da a su suelo su característica naturaleza ascendente, pero no es de jadeos a la hora de ir a comprar el pan ni de los poderosos gemelos que potencialmente poseen los cucos (así es su gentilicio) de lo que venimos a hablar; y es que la pendiente que apreciamos por toda la villa no es más que un aviso de lo que en lo más alto de la misma podemos encontrar.

Una fortaleza de leyendas

Postrado en la cima de una colina, como una bestia durmiente que ha quedado sellada en piedra, los vecinos y visitantes de Almodóvar y los pueblos de alrededor en un radio de más de 20 kilómetros pueden ver, vigilando incansable desde hace siglos, el imponente e imperecedero Castillo de Almodóvar. Aguantando incansable en piedra desde el siglo VIII, el Castillo de Almodóvar ha pasado por las manos de reyes árabes y cristianos, duques y condes hasta llegar a ser el lugar de referencia que es hoy día, llegando a aparecer en Juego de Tronos como Altojardín, residencia de la adinerada familia Tyrell.

Incontables acontecimientos acaecieron en esta notoria fortaleza del paisaje cordobés durante su larga vida, y los más conocidos sirven ahora como reclamo de los potenciales huéspedes que quieran empaparse de historia a la vez que recorren los patios, pasillos y recámaras del castillo, bien en visitas guiadas, bien por su propia cuenta.

Entre los hechos que más se citan encontramos la historia de Zaida, una trágica princesa mora cuyo inquebrantable amor por un príncipe la llevó a ser presa en las mazmorras hasta su muerte y que ahora, según la leyenda, vaga desolada por el castillo buscando a su amor o una forma de escapar de su ancestral tormento.

La restauración del castillo

El Castillo de Almodóvar ha sufrido importantes modificaciones durante su milenaria historia, nada sorprendente puesto que dos civilizaciones en constante conflicto fueron dueñas del enclave donde se sitúa. Además de los cambios estéticos y adiciones hechas durante siglos, de forma natural y progresiva con motivo de cristianizar el lugar, reforzar posibles puntos flacos o aumentar el ya de por sí decisivo factor estratégico de tan alta construcción añadiendo alguna que otra torre, la milenaria edificación ha sido objeto de cambios drásticos, incluso repentinos: es así que, durante la Guerra Civil española, el castillo recibió en sus muros el poder destructivo de la artillería del Bando Nacional, cañonazos de los cuales aún se puede apreciar alguno entre los miles de ladrillos que conforman sus muros, y no mucho antes, a finales del anterior siglo, el Castillo de Almodóvar había empezado su reforma gracias al interés suscitado en Rafael Desmaissieres, Conde de Torralva y heredero del mismo, que empezó una carrera junto al arquitecto Adolfo Fernández Casanova para arreglar embellecer y poner al día a esta joya de la corona de la campiña cordobesa, con motivo de empezar en 1902 el negocio del castillo como lugar turístico privado (pertenece a los herederos del Conde) que en nuestros días mantiene lleno de vida a esta otrora estratégica fortaleza, hoy día majestuoso punto clave a visitar en caso de pasar por la provincia de Córdoba.

 

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