La ciudad de Córdoba tiene en su haber milenios de historia, y es difícil poner el dedo en la fecha en la que se colocó la primera piedra. Lo que es seguro es que unos de los puntos más reconocibles (o puntos por su naturaleza alargada y libre) lleva ahí desde mucho antes de tal primera piedra, y es, a todas luces, el motivo principal de la situación geográfica de la ciudad.
No se entiende Córdoba sin el Guadalquivir
El río Guadalquivir, (al-wādi al-kabīr en árabe, que significa río grande) nace en la sierra de Cazorla, en Jaén, y atraviesa Sevilla, Córdoba y otras tantas provincias de la geografía española. Muchas ciudades y pueblos deben su asentamiento inicial a este río que, caudaloso a lo largo de su recorrido, ha servido durante milenios a gran parte de la población del sur de España aportándole agua que beber, tierras fértiles y nutridos ecosistemas llenos de animales que cazar o adiestrar.
En la actualidad, el río Guadalquivir es una de las joyas de Córdoba a lo largo de su recorrido, y uno de los mejores planes que uno puede hacer en su estancia en la ciudad es, aprovechando la visita a la Mezquita, atravesar el Arco del Triunfo de la misma para salir a la ribera del río, por donde podremos sentarnos en uno de los bares, cafeterías y restaurantes que hay a lo largo del recorrido o, simplemente, pasear siguiendo el cauce (o “a contracorriente”) para ver a dónde nos lleva este, y es que podremos descubrir más de un lugar interesante si hacemos caso al río y le seguimos sin preguntar a dónde.
La joya de Córdoba
La Mezquita, el arenal que sirve de terreno para la feria cada mayo, el edifico de artes modernas C3A… estos y muchos más son los lugares que no quisieron, en el momento de su colocación, estar lejos de la ancestral fuente de vida y belleza que ha sido, es y será el Río Guadalquivir. Pararse en cualquier parte de su recorrido supondrá la vista de una postal increíble, donde su lustrosa vegetación, casi boscosa en algunas alturas de su cauce, sirve no sólo como freno a la construcción y urbanización de la naturaleza fluvial cordobesa (de esto hablaremos más adelante), si no también como hogar para la fauna local, que aguanta en este último reducto salvaje dentro de la empedrada y metálica civilización. En el Guadalquivir es posible, si bien difícil, ver entre sus juncos, árboles y demás hierbas y plantas animales como el tejón o la jineta, aunque no sería lo más destacado a la hora de hablar de los animales que por aquí pululan: las aves, multitudinarias tanto en cantidad como en especies, sobrevuelan en bandadas, grupos o en soledad el río dependiendo de su familia aviar, y veremos rapaces, aves migratorias volando en preciosas formaciones y llenando el cielo de armoniosos puntos negros… común es pararse al lado del Guadalquivir a mirarlo y ver, en alguna de sus orillas, una familia de patos que sale de su refugio para una sesión de nado que cautivará al más recio de los viandantes.
Reserva de la Biosfera
Si hemos hablado del Guadalquivir como “escudo” para la naturaleza que lo rodea no es por ensalzarlo aún más (si es que le hiciera falta), si no porque, efectivamente y en términos legales, el Río Guadalquivir tiene una doble protección inexpugnable hasta para el más despiadado constructor. El río Guadalquivir es considerado reserva de la biosfera, lo cual lo protege a nivel nacional e internacional por su importancia natural y su variedad biológica, pero si has prestado atención, te habrás dado cuenta de que se encuentra dentro de un enclave ya protegido: a su paso por Córdoba, este histórico río es, además, parte de la zona considerada Patrimonio de la Humanidad por la ONU. Así, tocar el río de cualquier forma no sólo ataca a su estatus de naturaleza protegida; además, se trata de un agravio aún más imperdonable si cabe por el marco histórico y cultural del que forma parte inseparable; y es que, como ya se ha constatado, Córdoba no sería nada sin el mismo, y su Puente Romano y casco antiguo dan buena fe de quién fue madre y padre de Córdoba en su ya lejano nacimiento, alrededor de quien tuvo su génesis y su formación: el Guadalquivir dio a luz a Córdoba, y durante más de dos milenios la ha cuidado y protegido. Hagamos lo mismo por él.